Por los aires anda la luz que para verte, hijo, me vale. Si no estuviese, todas las cosas que te aman no te mirasen; en la noche te buscarían, todas gimiendo y sin hallarte.
Ella se cambia, ella se trueca y nunca es cosa de saciarse. Amar el mundo nos creemos, pero amamos la luz que cae.
La bendita, cuando nacías, tomó tu cuerpo para llevarte. Cuando yo muera y que te deje, ¡síguela, hijo, como a tu madre!